Preludio 10, Silvia Migdalek

La paradoja del deseo y el amor

Jugando con las delicias de la etimología y el diccionario leemos que el término paradoja viene del griego (para y doxos) y significa “más allá de lo creíble”, comporta asimismo algo contrario a la “opinión común”. En la actualidad la palabra “paradoja” contiene numerosos significados, tomemos alguno de ellos por las resonancias que tiene con la práctica  del análisis: declaración cuya veracidad o falsedad es indecible.

En  clínica de la vida amorosa es quizá donde la paradoja  del deseo, se tensa de un modo singular, dando forma a lo que podemos llamar también la paradoja del amor, y este último -digámoslo de entrada- el amor no es el deseo, el deseo es su anclaje pulsional. Freud dice que somos reacios a concebir el amor como una pulsión parcial más, creemos ver  en él una aspiración al todo.  Es  el yo el que ama u odia, pero la relación entre la pulsión y el objeto se llama fijación, fijación a un borde autoerótico, rasgo perverso de la neurosis.  Por tanto el amor carga con el lastre de su origen pulsional. Cuando Freud asienta su teoría sobre el amor se ocupa de invertir la “opinión común”, que no acierta en el blanco respecto a la causa del amor: no se ama porque se desea, sino, que es porque se desea que se ama.  El deseo revela que la estructura es con hiancia. Freud lo ilustra tempranamente bajo el ropaje de una mítica vivencia de satisfacción que inscribe la pérdida irreductible del objeto cuyo resultado es el surgimiento del deseo, primerísima moción de naturaleza psíquica, y que al decir de Lacan en el Seminario VII sobre La Ética del psicoanálisis, de lo que  se trata allí es de un “arranque desdichado”.

Lo indecible, Das Ding como el núcleo no predicable del Otro, que no permite ninguna identificación. La Cosa como vacio del decir, anidará en todo lo que puede ser dicho. Se introduce entonces  lógica del no-todo en el decir, y por supuesto también  en todo discurso amoroso. Paradoja del amor que aspira al todo, porque no quiere saber nada de la castración, o con Lacan de la imposibilidad de  escribir la relación-proporción sexual, y paradójicamente, nada hace más presente esta dimensión de un real imposible que la experiencia  amorosa. Tanto en Freud como en Lacan podemos encontrar la utilización de  esta dimensión como la de una imposibilidad lógica, originaria y fecunda.  Ese oscuro “objeto del deseo”, incompatible con la palabra, en la vida amorosa, se presenta siempre en una cierta tensión dramática, nunca se está más a merced del otro que cuando se ama… la tragicomedia amorosa…

La problemática de la paradoja del deseo en el amor, nos abre a una serie numerosa de articulaciones interesantes, y una de ellas es la relación  que mantiene con lo que con Freud llamamos el amor  de transferencia. Modo del amor surgido en la transferencia y que Frued sitúa como algo “reacio a la interpretación”, un amor recalcitrante e indómito, borde erotómano del amor, que suele acompañar la clínica  de ciertas “mujeres de pasiones elementales”. Se podría pensar que aquí se muestra un impase del inconsciente.

El amor de transferencia, en su vertiente de repetición vela el objeto del trauma. La transferencia en sus inicios se ejerce en el sentido de la identificación, pero  en ese  proceso, lo que Lacan propone como lo que debe operar es el deseo del analista, que justamente conduce al franqueamiento del plano de las identificaciones, que  no es sin ese operador deseo del analista, “ para darles fórmulas referenciales, diré: si la transferencia es lo que de la pulsión aparta la demanda, el deseo del analista es lo que la restablece”[1], como un deseo que apunta entonces a volver a revelar el origen pulsional de toda demanda, velada inicialmente por el amor de transferencia mismo. Un deseo que no es un deseo puro, y que Lacan nombra como el deseo de obtener la “diferencia absoluta”, abriéndose allí la pregunta entonces, de cómo vivirá el sujeto este atravesamiento operado exclusivamente por  una  experiencia de análisis. En los testimonios de pase es verificable que es alrededor de los avatares de la experiencia amorosa, donde se producen momentos de inflexión decisivos que ponen al sujeto frente a una toma de posición frente a lo que del deseo -y para abrir otra articulación posible del tema- y del goce, que fue sido elaborado en el análisis.

Qué articulaciones y diferencias se podrían hacer entre el amor de transferencia y el precepto ético freudiano de la ley de abstinencia, y el deseo del analista?   Indudablemnete no son la misma cosa.

En Lacan desde el Seminario XX en adelante, se podría decir que se opera una ampliación y algunas novedades respecto a cómo piensa esta dimensión absolutamente esencial de la experiencia humana. Quizá se podría resumir ese movimiento como el de una ampliación en donde lo anterior sigue siendo cierto, pero que los nuevos desarrollos  obligan a incluir perspectivas nuevas, que en su conjunto representan una cierta revalorización del amor.

Entonces, también nuestro próximo encuentro será ocasión de ver cuáles son las nuevas líneas de tensión que la e enseñanza de Lacan a partir de  los 70. Es muy interesante como Colette Soler, en su libro Los afectos lacanianos resume esta nueva perspectiva:

“El amor se convierte en un revelador de los impasses del ICC como saber que está allí no sabido oscuramente aprendido y que hace obstáculo a la relación sexual. El amor es índice no de una intersubjetividad, sino de un interreconocimiento entre dos hablanteseres, hechos de dos lalenguas”.  [2]

 

A partir del seminario XX Encore, se produce entonces un  enfoque  nuevo  del amor, este deviene  signo de un afecto del inconciente. Para concluir comparto con ustedes estos párrafos finales del seminario para empezar a preparar el clima de nuestro próximo Encuentro en Paris en julio del 14

“…diré que lo importante en lo que revela el discurso analítico, y sorprende no ver su fibra en todas partes, es esto: el saber, que estructura en una cohabitación específica al ser que habla, tiene la mayor relación con el amor. Todo amor encuentra su soporte en cierta relación entre dos saberes inconscientes.

Cuando enuncié que la transferencia era motivada por el supuesto sujeto de saber, no era sino aplicación particular, especificada, de lo que yace en esa experiencia. Les ruego que consulten el texto de lo que enuncié aquí, a mediados de año, sobre la elección de amor. Hablé, en suma, del reconocimiento, del reconocimiento por signos siempre puntuados enigmáticamente de la forma como el ser es afectado en tanto sujeto del saber inconsciente

No hay relación sexual porque el goce del Otro considerado como cuerpo es siempre inadecuado —perverso, por un lado, en tanto que el Otro se reduce al objeto a— y por el otro, diría, loco, enigmático. ¿No es acaso con el enfrentamiento a este impasse a esta imposibilidad con la que se define algo real, como se pone a prueba el amor? De la pareja, el amor sólo puede realizar lo que llamé, usando de cierta poesía, para que me entendieran, valentía ante fatal destino”   [3](J. L)

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Freud, S. (1895), Proyecto de una psicología para neurólogos. En Obras Completas, Amorrortu, Vol. I, Buenos Aires, 1996.

Freud, S. (1900), La interpretación de los sueños. En Obras Completas, Amorrortu, Vol. V, Buenos Aires, 1991.

Freud, S. (1912),  Puntualizaciones sobre el amor de transferencia”. En Obras Completas, Amorrortu, Vol. XII, Buenos Aires, 1979.

Freud, S. (1915), Pulsiones y destinos de pulsión. En Obras Completas, Amorrortu, Vol. XIV, Buenos Aires, 1976

Lacan, J. (1959-1960), El Seminario 7. La Ética del Psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 2007.

Lacan, J. (1973-1974), “El Seminario 21. Los no incautos yerran”. Inédito.

 

 

 


[1]  Lacan, J. (1964-1965), El Seminario 11. Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis, Ed. Barral 1977, España, 1977 pág.276.

[2]Soler, C. (2011 )Los afectos Lacanianos,  Buenos Aires, Ed. Letra Viva, pág 109

[3] Lacan, J. (1972-73), El Seminario 20. Aún, Paidós, Buenos Aires, 1975. Pág. 174